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Los canillitas y su rol solidario

En estos tiempos difíciles el pueblo argentino siempre se caracterizó por su solidaridad. Los canillitas luchadores incansables no son la excepción y están siempre dispuestos a dar una mano. Estas son historias que reflejan su predisposición para quienes más lo necesitan.

El cliente te acompaña

“Me nace ayudar a alguien que necesita una mano. Confío mucho en el cliente, sé que me acompaña durante todo el año y entiendo que es el que más tenemos que cuidar. La mayoría de mis compradores son personas mayores; estimo que un 85 o 90 por ciento lo son”, por este motivo Gustavo vio necesario al comienzo de la pandemia entregarles a cada uno de ellos una tarjeta con su teléfono y datos de sus redes para que lo puedan contactar por si necesitaban algo más allá de diarios y revistas.

Pago tus cuentas

Haroldo Botaro es cliente de Gustavo. Todas las mañanas, el vendedor le lleva el diario Clarín a la puerta de su casa. Al igual que muchos adultos mayores, Haroldo vive solo y su familia más cercana se encuentra en la otra punta de San Nicolás, por lo que a la hora de pagar los servicios de su vivienda se vio en un problema.

“Charlando con este hombre, me contó que no sabía cómo pagar el gas porque en ese momento no habían abierto los Rapigagos ni los Pago Fácil. Muchos de los lugares en los que se podía abonar las boletas solo aceptaban débito, y Botaro no maneja tarjetas. Entonces le ofrecí abonar el servicio con mi cuenta de Mercado Pago. Hice la transacción, le imprimí el recibo y se lo llevé. También le pague la luz y evité que se mueva de su casa”, relata Gustavo.

Este canillita está atento a la necesidad del otro y es por eso que muchas veces oficia de conector entre alguien que necesita algo y otro que lo tiene: “Quizás como yo no puedo resolver el pedido de alguien, busco a ver quién puede hacerlo. Me pasó con un vecino que perdió a su perro y me llamó a mi casa para ver qué podía hacer. Le propuse que intente publicarlo en redes sociales”. Y agrega: “Me pasa seguido de que la gente acuda a mí para pedirme ayuda. Yo lo hago contento”.

Pero ahí no termina la ayuda, el canillita también recibe llamados de hijos que le encargan desde publicaciones hasta diligencias para llevar a sus padres mayores de edad: “A mí no me cuesta nada hacerlo”, reafirma Del Pozo.

Más historias como estas se ven reflejadas en la revista El Boltín de mayo, y dan esperanza para todos aquellos que esperan una mano amiga.